▶ Casos Prácticos. Caso nº2.
CASO 2
Este caso se corresponde con un chico de trece años, que cursa 1º de ESO. La madre lo llevaba a cualquier lugar que ofreciera algún tipo de cura milagrosa. La sintomatología que la madre contó fue que había tenido problemas de rendimiento durante casi toda su vida (ella lo presentaba como TEA). Desde siempre, su madre lo había considerado como un niño peculiar. La madre hacía hincapié en que el niño se aislaba mucho y leía muy mal en el colegio. Los profesores lo describían como perturbador en el aula. Pero la madre lo describía como muy buen chaval. El niño presentaba problemas de rendimiento escolar. El chico tenía una hermana, año y medio menor que él, que era su antítesis. Para la madre la niña era como ella.
Se le aplicaron pruebas de lectura y se descubrió que el niño leía razonablemente bien, pero tenía un tiempo de lectura bajo para su edad. No presentaba ningún problema intelectual. En este caso se procedió de manera similar al anterior, pero en el Caso 1 a diferencia de este, tanto el padre como la madre desearían que su hijo no tuviera ningún trastorno, sin embargo en este caso, la madre considera que el diagnóstico pudiera estar equivocado.
El chico tras la intervención, mejoró objetivamente en lectura y empeoró en su rendimiento escolar. Sin embargo, presentaba una buena capacidad de memoria, flexibilidad cognitiva, control inhibitorio y era capaz de hacer tareas durante horas sin desconcentrarse, y sin embargo su rendimiento escolar empeoraba. Aprobaba las asignaturas difíciles y suspendía las fáciles. El diagnóstico que se le había realizado parecía sospechoso. La relación de la madre con el hijo era inadecuada. Se acuerda con la madre que supervise lo que el niño trae del colegio, además de llevar con él una agenda. Sin embargo, la madre no lo cumple.
Cabe destacar que la madre recibía una ayuda por el trastorno que se le había diagnosticado a su hijo. Existía la sospecha de que aquello no era muy normal. El niño si tenía un problema de escritura no estaba en su cabeza sino en la de otros.
El niño presentaba unos supuestos problemas de lectura constatados por un gabinete, pero leía un texto de Cortázar prácticamente sin dificultad alguna. Cabe destacar que dicho texto, que era parte de la obra Rayuela, estaba constituidos principalmente por pseudopalabras. Aún con todo, acabó leyéndolo incluso con entonación y con total corrección. Por tanto, todo parecía indicar que el niño realmente no presentaba dificultades en la lectura, algo que se comprobó tras la aplicación del PROLEC. Así que el problema del diagnóstico inicial radicaba en que pesaba más la información contextual que la derivada de las pruebas de evaluación más clínicas. Lo que podía ser meramente una anécdota, la madre lo elevaba a la categoría. Pero la realidad es que este chico era capaz de hacer cualquier tarea, por muy compleja que fuera, por lo que todo parece apuntar que los síntomas presentados eran más producto de un contexto inadecuado, carente de motivación y confianza en las posibilidades del alumno. Tanto en lo cognitivo y lingüístico, demostró capacidad para rendir al máximo. Solo que tuvo la mala suerte que desde pequeño le pusieran una etiqueta: primero de niño raro y luego de TEA.
Las herramientas empleadas fueron todas gratuitas: PEBEL (lo usaron abundantemente como ítems de ensayo, no como prueba de evaluación) y luego las de Google.
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